Memoria musical de Málaga: El Café de Chinitas

Memoria musical de Málaga: El Café de Chinitas

En su día llegó a ser el café teatro más famoso de España. Sobre su escenario actuaron cantaores, bailaores, actores, magos y artistas de todo tipo. Fue frecuentado por Lorca, Picasso y los grandes nombres del arte flamenco de la época. Durante los 80 años en los que permaneció abierto se convirtió en una de las principales sedes de la bohemia, el cabaret y el teatro popular. También fue lugar de mala vida y legendarias trifulcas. Hablamos por supuesto del Café Chinitas, uno de los emblemas de la historia musical de la ciudad de Málaga.

Era un local reducido con el ambiente siempre recargado y lleno de humo. Por la tarde, había apuestas y discusiones. Cuando caía el sol, los cantaores, guitarristas y bailaores montaban un tablao junto a las ventanas. El escenario no era gran cosa y quedaba reservado para el público más preferente. El piano estaba justo debajo. Mientras tanto, el público se acomodaba en mesas-veladores por donde los camareros pasaban a duras penas con grandes bandejas. A medianoche comenzaba el baile. Se apartaban las mesas y todos se arremolinaban en el salón. Entre la música, el cognac, el vino, y el aguardiente la temperatura del café teatro subía. A veces había algún que otro navajazo y corría la sangre. Así era un día cualquiera en el legendario Café de Chinitas.

“De vez en cuando la policía lo cerraba... pero había influencia”. Son palabras del pintor Manuel Blasco Alarcón, primo segundo de Picasso, que dejaría testimonio escrito de su paso por el lugar en el libro ‘La Málaga de comienzos de siglo’.

El Pasaje de Chinitas, de convento de monjas a zona de pecado

Ironías de la vida, el Café de Chinitas estaba construido sobre suelo sagrado. El célebre antro ocupaba la primera planta de uno de los edificios de la plazoleta principal del entonces llamado Pasaje de Álvarez. Resulta que pocos años antes, toda aquella zona del centro de Málaga había sido nada más y nada menos que un enorme convento, el Convento de las Agustinas Recoletas Descalzas (de Ntra. Sra. de la Concepción) para ser más exactos. Pero en 1839 fue derribado después de que el ministro Mendizábal decretara un proceso de amortizaciones que afectarían a los terrenos que la Iglesia poseía en todo el país.

El origen del Café Chinitas no fue otro que el de dar rienda suelta a los ánimos de juerga y pecado del promotor del pasaje construido en 1855 sobre el terreno. El empresario Antonio María Álvarez —que por cierto llegaría a ser gobernador de Málaga— decidió reservar espacio para la construcción de un café teatro privado para su uso particular y de sus amigos. “En la ciudad existían diferentes cafés-teatro cuyos escándalos nocturnos preocupaban a las autoridades, y no deseaba tal señor figurar en la nómina de los desacreditados propietarios” explicaba Julián Sesmero en su libro ‘Encuentros con Málaga’. Al poco tiempo el café teatro acabó siendo abierto al público y a partir de entonces su popularidad no dejó de aumentar. El actor Gabriel López, olvidado actualmente pero conocido entonces como el Chinitas, actuó en sus escenarios con gran éxito y a partir de entonces el lugar empezó a ser conocido como Café de Chinitas. Curiosamente pocas veces se llamó así de forma oficial, sino como Café Casino Malagueño, Café-Teatro Casino Malagueño, Salón Teatro Chinitas, o Gran Café Variedades entre otros muchos nombres.

A su vez, el Pasaje de Álvarez adoptó el nombre popular del café teatro para pasar a llamarse al poco tiempo como Pasaje de Chinitas. Y fue así como comenzó una leyenda que se alargaría durante más de 80 años.

Málaga, la ciudad de las cuatro mil tabernas y una sola librería

“Málaga ciudad bravía, que entre antiguas y modernas, tiene cuatro mil tabernas y una sola librería”. Así rezaba un verso popular de la época y así ha llegado hasta nuestros días. Algo debe de ser cierto, porque la capital de la Costa del Sol fue una de las ciudades españolas en donde se vieron los primeros cafés teatro a mediados del siglo XIX. "Por aquel tiempo era Málaga un verdadero río de oro, y había nada menos que once cafés cantantes" explicaba el cantaor, guitarrista y autor Fernando de Triana en su libro 'Arte y Artistas Flamencos'.

La ciudad había conocido un importante aumento de población y existían abundantes espacios donde poder asistir a algún espectáculo: desde los más burgueses teatros hasta los cafés cantantes dispersos por toda la ciudad. Aquellos locales eran frecuentados por las gentes más variopintas. Las clases más pudientes encontraban en ellos un lugar de distracción terrenal frente a los protocolos encorsetados de la alta sociedad, mientras el común de los mortales podía permitirse el lujo de asistir a funciones y conciertos sin tener que empeñar todas sus riquezas en ello. Por supuesto, los café cantantes de Málaga eran también un buen lugar para buscarse problemas y eran a menudo lugar de negocios y trapicheos de dudosa moralidad. Sin duda, el mejor ambiente para disfrutar de una apasionante velada de café, vino y buena música. ¡Claro que sí!

Flamenco, cabaret y problemas con la policía

El Café Chinitas no fue el primero pero sí el más importante, el que marcaba las modas y las pautas a seguir. Como en el resto de cafés cantantes españoles, la canción popular andaluza y los cantes gitanos sonaban muy a menudo. Se estaba produciendo un enriquecimiento de la música popular en los escenarios, gracias a un torrente de música y cantes tradicionales que terminarían confluyendo para dar paso al arte flamenco.

Pero en el Café de Chinitas no se programaba tan solo flamenco. La programación siempre fue muy heterogénea: zarzuelas, teatro, bailes, ilusionismo, magia, artes circenses y malabarismo formaron parte de su programación de forma habitual. Cuenta la leyenda que una vez entró la policía para arrestar a varios actores en plena representación de Don Juan Tenorio.  Nada del otro mundo. Las trifulcas en el Café de Chinitas eran célebres. El local fue clausurado por las autoridades en más de una ocasión. Las quejas por ruidos, alborotos y navajazos eran más que frecuentes y, claro está, existía una fuerte oposición a este tipo de establecimientos. Mentiríamos si dijésemos que el célebre café-teatro operó de forma ininterrumpida durante sus más de 80 años de vida.

La sociedad biempensante de la época tuvo nuevas razones para escandalizarse cuando las señoritas ligeras de ropa, los bailes provocativos y, en definitiva, los espectáculos de variedades fueron ocupando poco a poco el escenario desde los primeros años del siglo XX. Las funciones propias del teatro de variedades (burlesque, vodevil, cabaret, etc) cobraban cada vez más protagonismo. Y el Café Chinitas apostó fuerte en esa dirección.

Fue durante aquellos años cuando el local fue frecuentado por Federico García Lorca. Curiosamente muchos años antes su tío abuelo, a quien nunca llegaría a conocer, había actuado allí. Cabe recordar que el poeta granadino era además músico y purista declarado del cante jondo; había sido pianista profesional y el estudio de la música folclórica era una de sus grandes pasiones.

También sentía debilidad por la ciudad de Málaga. Por eso no resulta extraño que frecuentara un café cantante con tanto renombre como el Café de Chinitas. A finales de los años 30 rescataría y arreglaría varias canciones populares para grabarlas junto a la cantante la Argentinita. Entre ellas se encuentran ‘Zorongo gitano’, ‘La tarara’ y, por supuesto, ‘El Café de Chinitas’, que narra el enfrentamiento fatal de dos hermanos en el café cantante. Poco tiempo después, el bando republicano cambiaría la letra de la canción durante la Guerra Civil convirtiéndola en uno de sus cánticos.

Los últimos años del Café Chinitas

Uno de los últimos nombres por el que se conoció al café teatro fue el de Salón Royal. La programación del local había ido degenerando poco a poco hasta que llegó el momento en el que resultó difícil saber si se trataba de un café cantante, un cabaret o simplemente un burdel. En el año 1941 fue cerrado definitivamente por las autoridades, después de largos años de decadencia, clausuras y trifulcas. Se ponía fin de un plumazo a uno de los más emblemáticos del cante y baile flamencos. Un lugar único en la memoria musical de Málaga.
 
TEXTO: DAVID LITTLE 
FOTOGRAFÍA: JUANJO ÁLVAREZ 
ILUSTRACIONES: 'El Café de Chinitas', obra de Manuel Garvayo. 'Zambra de gitanos', obra de J Reguerón. 
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